TOPIC// Viernes 12 de Mayo 2006
 
 

 

 

- NKR -- 2006 -

 

TOPIC// Viernes 12 de Mayo 2006

 

Escuchaba un murmullo. Un agradable susurro. Una voz, etérea. Recuerdo que cerraba los ojos y me limitaba a escuchar.
A veces, no podía evitar que una lágrima rodase por mi enrojecida mejilla.
Entonces, me miraba al espejo. ¿Qué buscaba realmente en mi?. ¿Qué tristeza era aquella que, día tras día, inundaba mi alma? Sin tregua.
Miraba mis manos. Un anillo en el dedo corazón. Venas. Delicadas uñas dibujadas en blanco sobre una rosada piel. Eso era yo. Tan solo una sombra rosada. Una maraña de ideas. Una mancha de tinta sobre un papel. Un triste lamento. Unas manos intentando aferrarse a la tierra. Un vacío. Tan sólo unas palabras, erróneas, en un folio que todo el mundo podía leer. Una cruel mentira.
Y desee adentrarme en el lejano mundo de tus sueños. Que gran error. En realidad estabas vacío. Tú también eras mentira. Palabras. Risas sin sentido.
Así fue que te odié. De un día para otro. Sin mediar palabra. Sin volver a pensar en ti. Te difuminaste, como una sombra en la noche. Lejos. Olvido. Tu.
Y aquella dulce voz que me susurraba versos al oído, desapareció como un lejano sueño. Como una nota perdida en una inmensa habitación, vacía, oscura.

 
 
 

 

 

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TOPIC// Jueves 11 de Mayo 2006 - Segunda y última parte-

 

 El relajante sonido del agua al correr entre los guijarros. El estruendo de la cascada. El sol bañando la delicada orilla que se había formado a lo largo del tiempo. Aquello me hizo sentir el último ser del planeta, el mas pequeño.
Infinidad de diminutos granos de arena se asentaban a cada pequeña onda. Mis rodillas se clavaron sobre la fresca y verde hierba. Respiré hondo, tratando de llenar mis pulmones de aquel aire puro, con olor a lavanda, a pino, a luz.

De pronto me vi sumergida en las transparentes aguas de aquel río. Mis ojos se abrieron. Jamás volví a salir de aquel lugar.

A veces, cuando pienso que aún hay vida en otros lugares, cierro los ojos y me sumerjo. Tal vez una vida, en otro lugar, me hubiese deparado cualquier otra cosa. No la quiero. Es lo único que me queda. La libertad que generan mis sueños. El lugar donde nunca nadie podrá acceder. Mi mundo.

 
Yo.
 
 
 

 

 

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TOPIC// Viernes 5 de Mayo 2006 - Primera parte -

 

El aire azotaba las copas de los árboles. Los rayos de sol apenas si lograban zafarse de los densos nubarrones que cubrían el cielo. Un denso olor a tierra mojada me embriagó.

Comencé a andar sobre los pequeños charcos que se iban formando a mis pies. Allí abajo, cubierta por la cúpula enmarañada que constituían las partes más altas de los árboles, el aire se convertía en una suave brisa con olor a madera, a resina, y musgo… La luz iba muriendo a medida que me adentraba por aquel pasillo arenoso. A veces, me embargaba cierto temor, otras, sin embargo, gozaba de la paz que rezumaba aquel sombrío paisaje.

El largo vestido de gasa, rasgado por las raíces del suelo, salpicado de légamo, y escurriendo el agua de la lluvia, se pegaba de tal forma a mis piernas que por momentos, me impedía caminar. Opté por desprenderme de buena parte de la falda, dejando al aire mis lastimadas rodillas.

Ni el dulce canto de los pájaros. Ni el susurro de los riachuelos que se habían formado por la escorrentía. De pronto, todo sonido enmudeció. Ya no podía escuchar el aire jugueteando con las ramas más altas de los árboles, ni el repiqueteo de la lluvia al chocar contra las hojas.

Caminaba, arrastrando mis pies sobre el barro, adentrándome cada vez más en la oscuridad de aquel bosque. Ni tan siquiera sabía a donde me dirigía. Sólo tenía que dejarme llevar hasta algún lugar.

 
 
 

 

 

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TOPIC// Martes 2 de Mayo 2006

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Hablábamos. En realidad, no atendía al cirujano jefe. Tampoco sé exactamente cuantos éramos. Seis? Siete?. Sólo podía fijarme en él. El “nuevo”. Se había incorporado al equipo médico unos pocos días antes. Moreno, no excesivamente alto, ojos inexpresivos… El compañero de mi derecha, parecía fijarse en lo mismo que yo. Aquel tipo me ponía nerviosa.

Todo ocurrió muy rápido. Se puso en pie de un salto, y sin mediar palabra, cogió una pieza del instrumental quirúrgico y clavó su punta en la mano de uno de mis compañeros. Grité. El resto del equipo se abalanzo sobre él intentando reducirle, pero su fuerza era descomunal. Alguien me lanzó unas llaves. Las llaves de la habitación.

- Corre! Sal de aquí y cierra con llave! No permitas que salga!. Los niños!

Cogí las llaves y corrí hacia la puerta. Giré el pomo y salí al pasillo. Tiré con todas mis fuerzas de ella y me aseguré de que nadie saliese de aquella habitación. En el pasillo, una avalancha de chicos, ignorantes de lo que en realidad sucedía en una de las estancias de la escuela, caminaban de un lugar a otro, sonrientes, bromeando unos con otros.

A trompicones, conseguí llegar a la puerta de salida, tres plantas mas abajo. Y corrí, deseando escapar de aquella locura. Estaban muertos, descuartizados seguramente. Todos menos él.

A escasos metros de la escuela, había un parque de grandes árboles. Me cobijé tras uno de ellos y contemplé, a través del ornamentado balcón, horrorizada, como los pocos que quedaban vivos, iban cayendo, con las batas empapadas en sangre. Gritando, sufriendo. Cerré los ojos y salí de aquel parque. Me dirigí calle abajo, hacia una de las salidas. A la derecha, un estrecho callejón daba paso a un interminable puente sobre un enorme lago. En un último esfuerzo por escapar de aquel lugar, corrí con todas mis fuerzas. Las aguas, agitadas, chocaban con fuerza contra él, pero yo debía seguir corriendo. Tenía que huir.

Al llegar al otro extremo y una vez en el puerto, pedí un billete. No importaba el lugar. El chico de la ventanilla me aconsejó ir a Paris. Era el último barco que salía aquella tarde. Accedí.

La nave no era excesivamente grande, pero si lujosa. Al menos a mi me lo pareció. Con decoración barroca. Pan de oro y detalles en terciopelo rojo.

  1. - Señorita?
  2. - Si?
  3. - Pasillo 7, camarote 03

Sólo pude escuchar aquellas palabras. Entré en el camarote y no volví a salir hasta que llegamos a Paris.
De la estancia en aquel lugar no logro recordar nada, sólo que días después tuve que regresar.
En mi mente solo podía escuchar una y otra vez la misma frase: “debiste avisar a la policía en vez de huir”, pero ya era demasiado tarde. El silencio me convertía en cómplice de aquel asesino.  Aun guardaba las llaves de la habitación en mi bolso y seguramente aquel desquiciado siguiese allí. Atrapado entre cuatro paredes. Acompañado por los cadáveres descuartizados de mis colegas. ¿Por qué yo me salvé?, es algo que jamás voy a saber. Hoy, cuando he pasado de nuevo junto a la puerta, un escalofrío ha recorrido mi espina dorsal. El simple pensamiento de que algún día el hedor de los cuerpos descompuestos, lleve a la policía hasta allí, me produce un pánico inimaginable. Ese día, tendré que abrir la puerta y enfrentarme a la verdad: mi propia mente.

 

 

 

 

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