27 diciembre 2002
El capitán quiso fondear el 'Prestige'
a cuatro millas de Muxía
Apostolos Mangouras, capitán
del Prestige , estaba convencido de que su barco nunca llegaría
a embarrancar contra la costa, el mayor temor de las autoridades españolas
y que provocó la decisión de alejarlo a la mayor distancia
posible.
Así lo aseguró el capitán ante el juez de instrucción
de Corcubión, declaraciones a las que ha tenido acceso este periódico.
En una de sus intervenciones, la fiscal Beatriz Pacios le pregunta si
era consciente de que el barco iba a la deriva, acercándose a la
costa. De hecho, al día siguiente de quedar sin máquina
llegó a estar a cinco millas de Muxía.
Apostolos Mangouras respondió, en este sentido, que «durante
todos sus esfuerzos para atar el barco al Ría de Vigo , él
estaba pendiente del más mínimo cambio de posición
y sabía que el barco iba a la deriva, pero contaba como último
recurso con las dos anclas y había confirmado en las cartas de
navegación que las aguas se lo permitían al llegar a las
3,5 o 4 millas de la costa».
Echar anclas
El capitán también añadió que entonces tendría
la posibilidad de echar las anclas cuando la profundidad fuese de 150
metros, porque cada una de ellas tenía 325 metros de cadena y que
ésta era nueva. Sin embargo, las autoridades marítimas nunca
admitieron esa posibilidad y su única intención era alejarlo
lo más distante posible de la costa.
Durante aquellos momentos críticos y ante la imposibilidad de dar
el remolque de emergencia al Ría de Vigo, el capitán también
propuso lanzarle al remolcador dos cabos gruesos nuevos, de 220 metros
cada uno, para mantener el petrolero en el punto donde estuvo durante
la noche, cercano a la costa de Muxía, y esperar al amanecer para
ver lo que se podía hacer.
Según la declaración de Apostolos Mangouras, la propuesta
fue rechazada dos veces por el remolcador. «No sé el motivo
-dijo el capitán-, pero era una solución para pasar la noche,
porque los cabos podían mantenerlo (el barco)».
Pánico y caos
Lo que sí está claro es que desde el momento en que el petrolero
quedó sin gobierno y comenzó a escorarse, el pánico
y el caos se adueñaron del buque. El propio capitán lo reconoce
cuando afirma que no sabe si se contestaban todas las llamadas de la torre
de control de Fisterra. «La verdad -responde al juez- es que todo
estaba patas arriba, la situación duró poco tiempo pero
no sé lo que contestaba».
Tras el escoramiento del barco, el pánico entre la tripulación
debió ser tal que el capitán no se recata a la hora de calificar
el estado de su propio jefe de máquinas. Mangouras dice que estaba
con él cuando se produjo el accidente. «El jefe de máquinas
-añade- sufrió una crisis de nervios y comenzó a
tener la idea fija de que los buques de salvamento internacionales iban
a asaltar el Prestige , asesinar a la tripulación y robar la carga».
En otro momento de su larga declaración -duró casi doce
horas- el capitán afirma que mientras el mandó el barco
nunca se dirigió al sur. «Con la cantidad de toneladas de
fuel que le quedaban -añade- tenía la posibilidad y había
tiempo para que se dirigiera a un lugar tranquilo, hay que tener en cuenta
que el buque siniestrado siguió navegando durante todo el período
entre el 15 y el 19 de noviembre».
(Redaccion La Voz) |