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20 noviembre 2002

El viento empuja 10.000 toneladas de fuel hacia Galicia

El petrolero se hundió a 130 millas (234 kilómetros) de Fisterra, a altura de las Illas Cíes. Tras siete días de una incontrolada travesía y más de 242 millas recorridas de norte a sur, de este a oeste, la maltrecha estructura del buque quebró. Según técnicos consultados, la rotura se llevó por delante otros tres tanques de 3.000 toneladas cada uno. El ministro de Defensa portugués, Paulo Portas, confirmó que la mancha en la zona en la que se hundió el barco es ya de unas 10.000 toneladas y tiene 37 kilómetros de frente.

Las mismas fuentes señalaron que este fuel se acerca a Galicia a una velocidad de un tres nudos (casi cinco kilómetros a la hora), de modo que en algo más de 50 horas podría entrar en las rías de la comunidad.

Cifras contradictorias

Con este nuevo vertido, la marea negra provocada por el Prestige es ya de 18.000 toneladas. Otras 58.000 están almacenadas aún en los tanques del petrolero y, según los peores augurios, su salida a la superficie podría ser sólo cuestión de horas. Estos datos contrastan con los que ayer ofreció el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, quien señaló que «a ojo de buen cubero» se habrían vertido en las costas gallegas unas 3.000 o 4.000 toneladas.

La situación ha generado un estado de alarma y desconcierto absolutos. En rías como las de Muros o Arousa, los mariscadores y bateeiros se lanzaron a recoger la mayor cantidad de productos posible ante el temor de que el fuel asole hoy sus costas. Son conscientes de lo que se aproxima a corto plazo: una mancha de combustible de diez millas de largo y una de ancho está situada al oeste de Corrubedo y las tiznas de pequeñas dimensiones son «innumerables». Por si fuera poco, la falta de medios es patente y en todos los municipios de Arousa sólo se contabilizaban 200 metros de barreras de la empresa Finsa.

Hipótesis, por el suelo

Así las cosas, lo cierto es que el desenlace del accidente del Prestige se resolvió en sólo unas horas. A las ocho de la mañana, Fernández de Mesa, confirmaba que el petrolero se había roto en dos partes. Unos minutos después, la proa y la popa comenzaban a hundirse, una tesis que ponía en evidencia las hipótesis defendidas por el Ministerio de Fomento, que durante días apeló a la posibilidad de remolcar cada parte por separado, ya que, según creían, se mantendrían a flote. A las tres de la tarde, el buque se convertía en parte de la historia negra de Galicia. Un capítulo que, en el mejor de los casos, quedará enterrado a 3.500 metros de profundidad.

Pero será un capítulo con varias lagunas. El vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, se convirtió ayer en el primer miembro del gabinete Aznar en inspeccionar la zona arrasada por la marea negra. Fue una visita fugaz. Por la tarde tomó rumbo a Sevilla. Rajoy ofreció una rueda de prensa en Caión en la que anunció un paquete de ayudas, con subvenciones directas y exenciones fiscales, para los afectados. Respecto a los tanques afectados tras la quiebra del petrolero, aseguró que sólo un depósito se había roto tras la fractura.

Los técnicos consultados por La Voz hablaban de otros tres más. E incluso señalaban cuáles. Al partirse en dos, los dos tanques de babor y el central reventaron y escupieron su mortífera carga. En los días anteriores, ya se habían perdido otros tres depósitos. Los dos de estribor sufrieron fisuras debido a las vibraciones de los motores entre la tarde del jueves y el viernes y dieron lugar a la primera marea negra. El tercero cedió a los embites del mar el domingo y dio lugar a otro cuantioso vertido.

Alejar el buque

Rajoy dedicó buena parte de su intervención a justificar la decisión del Gobierno de alejar el barco de Galicia. No explicó, sin embargo, los motivos por los cuales el buque navegó durante siete días de norte a sur, de este a oeste, sin un rumbo definido. En total, el Prestige hizo entre el miércoles de la semana pasada y ayer 243 millas (437 kilómetros), esto es, una distancia que alejaría al buque mucho más allá de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) si desde el principio hubiese tomado dirección oeste.

Paradójicamente, Fernández de Mesa advirtió en todo momento que el objetivo del Ejecutivo español era llevar el barco a 120 millas del litoral gallego.

La principal incógnita ahora es conocer la evolución de la gran mancha provocada por la quiebra de la nave. Las condiciones meteorológicas juegan en contra de los intereses de Galicia, ya que el viento y el mar de fondo, con olas de seis metros, arrastran el fuel hacia el litoral de la comunidad. Si al final el combustible entra en la ría de Arousa, nadie, ni siquiera la Administración gallega, se atreve a dudar que la del Prestige será la mayor catástrofe ecológica y económica de la historia de Galicia.

Para tratar de combatirla, las autoridades españolas han recibido colaboración de Francia, Holanda, Alemania y Bélgica. Todos estos países han enviado a Galicia buques anticontaminación, de los que carece España a pesar de que Galicia es el mayor punto de paso de petroleros de la UE.

Absorber el fuel

La misión de estos barcos, algunos operan ya en aguas de la comunidad, es absorber el combustible que está repartido a lo largo de todo el litoral. Mientras, los operarios de la Armada continúan limpiando las playas de la Costa da Morte.

(Redacción La Voz)

 

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