17 noviembre 2002
La marea negra afecta ya a 190 kilómetros de la
costa gallega
Catástrofe económica y ecológica.
Sin paliativos. La marea negra del Prestige, con sus dos mil toneladas
derramadas, se encontraba anoche a las puertas de A Coruña después
de haber iniciado su efecto devastador a primeras horas de la mañana
en la Costa da Morte, entre Fisterra y Touriñán. Poco a
poco, la mancha de fuel se fue extendiendo por una línea de 150
kilómetros hasta besar Suevos (Arteixo), justo en el límite
con el municipio de A Coruña. La sombra del Mar Egeo, justo ahora
que se cumplen diez años del accidente,
es de nuevo alargada, al igual que la del Urquiola .
A su paso, el hidrocarburo dañó los
bancos de percebe más importantes de Galicia y dejó tocadas
notables reservas de moluscos, pulpo y rodaballo cultivado en granjas
piscícolas, aunque en este último caso los alevines fueron
trasladados. Mañana, ningún marinero ni mariscador de la
zona podrá reemprender su tarea.
Pero el vertido también dejó su herida
ecológica en la Costa da Morte, un espacio único propuesto
para su conservación a nivel europeo a través de la Red
Natura. Decenas de aves, especialmente cormoranes, alcatraces y gaviotas,
fueron encontradas muertas a lo largo de la costa. Otros diez alcatraces
petroleados fueron atendidos en el centro de recuperación de fauna
salvaje de Oleiros.
Poco se pudo hacer. Las barreras flotantes instaladas
para contener el hidrocarburo fueron sobrepasadas por el fuerte oleaje
en varios puntos. Entretanto, el espesor del fuel a lo largo del litoral
alcanzaba los tres centímetros de espesor, especialmente en las
rocas, el hábitat natural del percebe.
Playas
Las playas tampoco se libraron del nocivo manto
negro. De Mar de Rostro y Mar de Fóra (Fisterra) a Seiruga y Barizo
(Malpica); de Baldaio (Carballo) a Barrañán (Arteixo). Sólo
la de Laxe, más recogida de los vientos del sur, se mantenía
anoche fuera de peligro.
Los equipos de Salvamento, sin embargo, pudieron
controlar, según explicó el delegado del Gobierno, los enclaves
naturales de la laguna de Traba, las marismas de Baldaio y el estuario
del Anllóns, y también levantaron barreras en las zonas
de marisqueo. Varios testigos y especialistas independientes explicaron,
no obstante, que será muy difícil contener el daño.
De hecho, la fragilidad de los muros flotantes obligó a última
hora de la tarde a levantar a marchas forzadas un parapeto de piedra para
proteger la marisma de Baldaio (Carballo).
Pero lo peor, si cabe, puede que esté aún
por llegar. Por un lado, no todo el fuel desprendido ha llegado a la costa.
Otra mancha que aún no tocó tierra, situada ayer por la
tarde a entre dos y tres millas, sigue amenazante en una cantidad que
también ronda las dos toneladas. Por otro, el viento del suroeste
arrastraría el vertido actual hacia el norte, con lo que llegaría
a las rías de A Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol, y puede
que aún más lejos. Este factor, sin embargo, podría
ser contrarrestado por el mar de fondo, que empuja en dirección
contraria.
El aspecto positivo, al menos según la versión
oficial ofrecida por el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández
de Mesa, es la situación del petrolero Prestige , que todavía
guarda en sus tanques más de setenta mil toneladas de fuel. Ayer
se había estabilizado su inclinación y navegaba a 48 millas.
También había dejado de escupir hidrocarburo.
Fernández de Mesa tuvo que admitir ayer que
«estamos ante un grave problema ecológico». El vertido
también ha movilizado, sin excepción, a todos los grupos
ecologistas, que no tienen la mínima duda de que Galicia afronta
ya un un auténtico desastre ecológico producido por una
marea negra, y no por un simple vertido, término utilizado aún
ayer por representantes de la Administración. Las oenegés
denunciaron el ocultismo de la Xunta.
(Redacción
La Voz) |