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15 diciembre 2002

Aznar promete 265 millones para paliar los daños del Prestige


Treinta y un días después del accidente del Prestige y cuando las rías gallegas ya afrontaban el envite de la tercera marea negra, José María Aznar, presidente del Gobierno, aterrizó en Galicia llevando debajo del brazo el paquete de las cien iniciativas adoptadas por el Ejecutivo para hacer frente a la crisis. Aznar asumió los errores cometidos, pidió disculpas a los gallegos porque «los medios no siempre llegaron a tiempo a todos los lugares donde hacían falta» y destacó «el ejemplo de admirable arrojo y energía defendiendo su patrimonio, que es el mar», dado por los ciudadanos. También pidió perdón por el malestar que haya podido provocar su tardanza en llegar a la comunidad pero señaló, sin rubor, que quería venir «con los deberes hechos y creo que estoy en Galicia con los deberes hechos». Al tiempo que Aznar pronunciaba estas palabras, la peor oleada de fuel de esta tercera marea negra se aproximaba a las Rías Baixas sin que el dispositivo preparado pudiera hacer nada para combatirla.

El presidente trató de convencer a los gallegos de que cuentan con la solidaridad europea, pese a que en la cumbre de Copenhague los Quince únicamente habilitaron una partida extraordinaria de cinco millones de euros para la catástrofe ecológica. En este escenario, la estrategia del Gobierno pasa por desviar 260 millones de euros (44.000 millones de pesetas) de fondos europeos, que habían sido otorgados a España para otros fines, a paliar los daños de la marea negra, según explicó ayer Aznar. De esa cifra, hasta un máximo de 100 millones proceden de los Feder, otros 100 de los de cohesión y 60 más de los IFOP.

Además de defender las decisiones tomadas, el presidente lanzó un mensaje a la oposición. Reclamó «un esfuerzo común» ante una catástrofe de esta magnitud y pidió que se dejaran a un lado los «partidismos, egoísmos y los espíritus flojos o pusilánimes. Es un momento para la solidaridad», apuntó.

Pero Aznar sólo pronunció estas palabras en los despachos y ante las cámaras. Su viaje relámpago evitó, en todo momento, que el presidente bajase a la arena para palpar, desde la primera línea, la crispación social y la indignación de los voluntarios por la falta de medios. Según fuentes gubernamentales, Aznar sobrevoló las Illas Cíes y la zona del hundimiento del Prestige cuando ya se dirigía de vuelta a Madrid.

(Redaccion La Voz)

 

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