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Nombre común: Olmo de montaña, almonteja
Nombre científico: Ulmus glabra Hudson
Familia: Ulmáceas



Árbol de hasta 40 m. de altura, de copa variable, ramas jóvenes cubiertas de una poca pelosidad, tronco recio pardo oscuro, con corteza gruesa y rugosa.
Hojas simples y grandes, de hasta 18 cm. por 14 cm., asimétricas en su base, alternas, caducas, con al borde aserrado, normalmente con tres picos en su extremo y ásperas al tacto.
Flores hermafroditas, pequeñas, sin pétalos, agrupadas en inflorescencias que se asientan sobre las ramas de un año; florece y fructifica antes de que se desarrollen las hojas.
Los frutos son secos (aquenios), provistos de una membrana que lo rodea en forma de ala; a este tipo de frutos se les denominan sámaras.


Floración: De Febrero a Marzo

De los usos de este olmo poco se sabe, excepto el de su madera, como la de todos los de su género que se ha empleado en la fabricación de muebles, aunque actualmente este aprovechamiento ya no se hace debido a la escasez de estos árboles en nuestra zona. El principal uso dado es como árbol ornamental, pero más a los otros olmos que a éste, aunque en ocasiones se ha empleado. Una propiedad conocida de antaño es el uso de su corteza en infusiones como astringente, por su riqueza en taninos.

Hábitat:

Se extiende por todo el norte y las montañas del centro, el este peninsular, llegando hasta las montañas de nuestra provincia de forma relicta, que parece ser su distribución más al sur. Coloniza bosques de montañas, valles frescos y orillas de ríos y arroyos; también se puede ver al pie de cantiles rocosos húmedos, entre los 700 m. y los 1.800 m. de altitud. En nuestra provincia es escaso, sólo está presente en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.

Etimología:

El nombre del género "ulmus" es el que empleaban los romanos para llamar a estos árboles, que a su vez parece derivar de la palabra celta "elm" con la que nombraban a los olmos. El nombre específico "glabra" hace alusión a la ausencia de pelosidad.

Amenazas:

La más grave es la enfermedad de la grafiosis, producida por un hongo (Cerastocistis ulmi), que ha diezmado las poblaciones de todos los olmos de la península; en el caso de esta especie es algo más resistente, pero también le afecta y son ya muchos los ejemplares que han muerto víctimas de la enfermedad. A esto se le suma el escaso número de ejemplares, y el resultado no puede ser más negativo para la supervivencia en nuestra zona. Otra amenaza es el sobrepastoreo que impide la regeneración natural en las áreas de montaña donde vive.

¿Como conservarlos?

La más urgente pasa por la reproducción en vivero y reforzar las poblaciones existentes, así como desarrollar planes para su conservación y protección.

 

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