Floración: De Marzo a Mayo.
Es una especie poco utilizada, en algunas ocasiones se han empleado las hojas y frutos como astringentes y su madera como combustible ya que no es buena para carpintería al ser quebradiza. Pero en el ámbito del bosque mediterráneo es otra cosa, siendo una especie de vital importancia en el dinamismo del ecosistema, al producir gran cantidad de frutos, madurando y manteniéndolos en las ramas durante el otoño e invierno, constituyendo un excelente recurso alimenticio para gran parte de la fauna que vive e inverna en estos bosques.
Hábitat:
Es una especie típica mediterránea, extendiéndose por gran parte de la Península Ibérica, faltando en el tercio norte. Coloniza los bosques lauroides mediterráneos con madroños, agracejos, lentiscos, bajo encinas y alcornoques. Es una planta algo termófila, no soportando fríos, ni tampoco fuertes sequías, tampoco la deforestación, ni los suelas muy pobres pero, no obstante, soporta algo más la sequía que la especie siguiente. En nuestra provincia la encontraremos en todas las sierras donde aún se conservan matorrales lauroides, entre los 300 m. de altitud, llegando a los 1.200 m. en condiciones favorables.
Etimología:
Su nombre genérico deriva de la palabra griega "phyllon" que significa hoja, aludiendo al abundante follaje de las especies del género; el específico "angustifolia" hace referencia a sus hojas estrechas y alargadas.
Amenazas:
Su principal amenaza es de forma indirecta: lo que le pase al bosque lauroide, es decir, la destrucción de sus formaciones para terreno de cultivo y proporcionar tierra fértil, práctica muy extendida antiguamente y conocida con el nombre de desmonte, que redujo considerablemente la extensión de estos bosques. Más adelante se mantuvo dicha práctica para favorecer las repoblaciones de pinos y se le llamó de forma perversa malezas, nombre que todavía se da a la formación de especies vegetales más noble de cuantas pueblan nuestras sierras.
¿Como conservarlos?
No son especialmente necesarias para la especie en cuestión, sólamente proteger las formaciones lauroides de nuestras sierras, con ello tenemos asegurada la supervivencia de la olivilla.
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