Fruto en drupa, con forma más o menos ovoide, del tamaño de un guisante, de color verde estando inmaduro, pasando por rojo al ir madurando y finalmente casi negro al madurar, con una sola semilla o huesecillo.
Floración: De Abril a Junio.
Sus usos principales han sido en carpintería, empleando sus ramas en la fabricación de tubos para pipas y su tronco en marquetería, también se utiliza como ornamental y de patrón en injertos de frutales como cerezos.
En nuestra zona no se emplea para nada, debido al exiguo número de ejemplares que viven en nuestra provincia. Aún así, es de vital importancia para los ecosistemas de la alta montaña jiennense, ya que sus frutos ricos en agua maduran en agosto, siendo un importantísimo aporte de minerales, azúcares y agua a las aves que viven en nuestras sierras y se refugian en ellas durante los tórridos veranos andaluces. Tanto es así, que podemos afirmar que de no ser por los bosquetes de cerecinos, muchas aves morirían o simplemente se marcharían para siempre de nuestra naturaleza.
En la península se extiende por el norte y este, haciéndose raro en el sur. Coloniza barrancos frescos, laderas de montaña, roquedos donde se acumule algo de suelo, umbrías, valles de alta montaña, entre arces, quejigos y majuelos, desde los 700 m. hasta los 1.900 m. de altitud. En nuestra provincia sólo lo encontramos en las altas sierras Béticas.
El nombre genérico "prunus" es el que utilizaban los romanos para designar a los frutales, el específico "mahaleb" es de origen árabe y fue designado por Linneo para distinguirlo de otros cerezos, ya que este nombre estaba ampliamente extendido por Europa en la Edad Media.
La destrucción del antiguo bosque caducifolio, que debió extenderse por todas las altas sierras jiennenses y la posterior reforestación de pinos y sus consiguientes clareos y limpiezas del sotobosque, mermó considerablemente a esta especie, que actual-mente sobrevive en pequeños núcleos aislados en navas y barrancos, viéndose imposibilitada su regeneración natural por el altísimo número de herbívoros domésticos y silvestres que pueblan nuestras sierras, con lo que el futuro del cerecino no es el más esperanzador, estando gravemente amenazada su supervivencia.
Las principales medidas de conservación serían la reducción del ganado y la protección de las zonas donde existan núcleos de forma natural, así como la repoblación de ejemplares cultivados en vivero, incentivando este método. El cerecino es una especie protegida en Andalucía, recogida en el Catálogo Andaluz de Especies de la Flora Silvestre Amenazada, en la categoría de Vulnerable.
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