INTRODUCCIÓN
La Flora que se distribuye por la provincia de Jaén, al igual que en el resto de la Península Ibérica, está condicionado por una serie de factores:
El clima
A grandes rasgos, en nuestra provincia podemos hablar de un clima Mediterráneo, caracterizado por una gran sequía estival y con plantas adaptadas a la misma como la encina; y en algunas pequeñas áreas de las zonas montañosas de las cordilleras béticas podemos hablar de un clima Mediterráneo de montaña, con factores del atlántico, con más lluvias y muy húmedo, como en Las Acebeas (Sierra de Segura), con plantas como el acebo y el avellano.
El suelo
El suelo condiciona también de manera importante la vegetación. Existen tres tipos fundamentales de suelos: los silíceos, que constituyen la franja norte de la provincia, formada por la Cordillera Mariánica (Sierra Morena) y sus estribaciones, con la presencia de materiales como cuarcitas, granitos y pizarras; los calcáreos constituidos por las cordilleras béticas con las Sierras de Cazorla, Segura, Las Villas, Mágina, Pandera, Caracolera, Alta Coloma, etc., donde abundan materiales como las calizas y dolomías, y los arcillosos de las depresiones del Guadalquivir y del Guadiana Menor.
El relieve
Se trata de otro factor importante, dado que el clima se altera según la altitud; es decir, la humedad y la temperatura variarán conforme asciende la cota altitudinal. Por lo general la temperatura disminuye un grado por cada 200 metros de altitud, factor que influye directamente en el tipo de vegetación que se aclimata en cada banda de altura, sin olvidar la influencia que también ejerce la orientación de las laderas de las montañas (solana y umbría).
FORMACIONES VEGETALES DE JAÉN
Robledales-melojares: el roble que mejor aguanta la sequía es el roble melojo, del que quedan algunos boquetes relictos sobre suelas silíceos en Sierra Morena, y sobre suelos calizos en la Sierra de Segura, extendiéndose por cotas que van desde los 700 a los 1.500 metros de altitud. Acompañan al melojo plantas como el madroño y el agracejo.
Bosques caducifolios: en el pasado debieron ser mucho más abundantes, ocupando los suelos más ricos de las cordilleras béticas. Formados principalmente por arces, cerecinos, mostajos, etc. Actualmente se presentan de forma muy relicta.
Encinares: constituyen los bosques naturales más extensos de nuestra provincia, encontrándose en todo tipo de suelos. Su exponente principal es la encina que puede llegar hasta los 1700 metros de altitud aunque de forma aislada. Junto a ella se encuentran especies como el enebro, la olivilla, el mirto, etc.
Alcornocales: el alcornoque prefiere suelos silíceos y un cierto grado de humedad, por lo que sólo lo encontraremos en nuestra provincia en Sierra Morena. Acompañan a este árbol especies como el madroño, el brezo y el rusco.
Quejigares: el quejigo prefiere los lugares frescos y húmedos, y lo podemos encontrar en la mayoría de las sierras jiennenses, tanto en Sierra Morena como en las cordilleras béticas. Suelen acompañar al quejigo plantas como los arces, los aligustres y los serbales.
Bosques de ribera: forman las franjas de vegetación que podemos contemplar a ambos lados de los cursos de agua, denominadas también bosque galería y que aprovechan la humedad que supone el estar junto a los cauces de agua. En su mayor parte son especies caducifolias y entre las mismas destacan los chopos, sauces, fresnos, almeces, olmos, alisos y avellanos.
Pinares: los pinares más interesantes de la provincia de Jaén se encuentran sobre terrenos calizos en las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas y Sierra Mágina, por encima de los 1400 metros de altitud y están representados por el pino laricio o salgareño, al que acompañan plantas como el espino arro, el espino majuelo y la laurelola. Otros pinares, fruto de las repoblaciones llevadas a cabo en nuestra provincia son el pino resinero, el pino carrasco y el pino piñonero, este último distribuido por Sierra Morena. Por último existen unas pequeñas repoblaciones realizadas con el pino de Monterrey.
Sabinares: la sabina mora forma pequeños bosquetes sobre roca dura en las cordilleras béticas, entre los l 100 y 1700 metros de altitud, asociada con plantas como el enebro, la cornicabra y el boj donde existe una mayor humedad. En cuanto a la sabina albar se presenta de forma aislada.
Matorrales de alta montaña: en este ecosistema, por encima de los 1600 metros, las condiciones climatológicas son extremas, con grandes heladas en invierno y fuerte insolación en verano, por lo que se ha desarrollado una vegetación pinchuda y almohadillada adaptada a estas condiciones, entre las que destacan especies como el enebro rastrero, la sabina rastrera y los piornos.
Matorrales de baja montaña: en cotas más bajas se desarrollan unas formaciones caracterizadas por la acción del hombre y sus efectos negativos sobre la vegetación. En Sierra Morena destacan los denominados coscojares-lentiscares, formación adaptada a la sequía estival y formada principalmente por el lentisco, la coscoja y algunos espinos. Por último, otra formación fruto de la destrucción y la erosión del suelo son los jarales, que en Sierra Morena son abundantes y que están representados por plantas como la jara pringosa, el jaguarzo, la jara blanca, etc. |