Los biólogos pusieron en incubadora los huevos de diez cocodrilos, que habían sido puestos unos tres meses antes por las madres.
Los investigadores registraron gemidos en las incubadoras y posteriormente ocultaron en la arena un altavoz para reproducir a mediados de julio, cuando los nacimientos de las crías eran inminentes, dos tipos de sonidos: los gemidos y los ruidos sin significado.
De las diez hembras consideradas para la prueba, y que fueron ubicadas cerca de los aparatos, ocho reaccionaron de forma inmediata a los gemidos que antecedían a los nacimientos y comenzaron a cavar la arena durante los diez minutos de la grabación, sin prestar atención a los otros sonidos.
"Parece claro que los gemidos de nacimiento portan una información real que induce una respuesta conductista fuerte de la madre", resumieron a través de un comunicado los biólogos, una joven candidata a doctor de la Universidad Jean Monnet de Saint-Etienne, Amélie Verge, y su director de tesis, el profesor Nicolas Mathevon. |