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UNA APROXIMACION A LA ARQUEOLOGIA

La arqueología es relativamente una ciencia nueva. Es un método para adquirir un conocimiento global de la experiencia humana en el pasado. Cómo se organizaban nuestros antepasados, cómo se relacionaban con su entorno y cómo evolucionaron. Así, podríamos decir que la arqueología es una disciplina aledaña a la Historia, pero que a su vez, está dividida en múltiples áreas de estudio y requiere de otras ciencias de apoyo.

Podríamos decir que la primera etapa (en torno al s. XVIII) de la disciplina fue la romántica, en la que el arqueólogo era una especie de  Indiana Jones, más preocupado en la recuperación y colección de objetos antiguos que en documentar e interpretar los sitios arqueológicos. Aunque otras culturas y pueblos mucho anteriores especularon con su pasado y sintieron fascinación o imitaron a los pueblos que le precedieron. Sirva de ejemplo Hesíodo (s. IX a.C.) con su poema épico Los trabajos y los días, que concibió el pasado humano en cinco etapas o, el rey babilonio Nabónido, que excavó un templo y encontró su primera piedra 2.200 años anterior a él.

En el siglo XVIII también se descubrieron las ruinas de Pompeya y Herculano, pero la metodología era más propia de la historia del arte y enfocada a llenar las colecciones particulares.
El hito que permitió una evolución en los estudios arqueológicos, fue la superación de la antigüedad del mundo que brinda la Biblia, con lo que se pudo alcanzar el concepto de Prehistoria. De suma importancia fue la aportación de Darwin y su Origen de las Especies, lo que dio al investigador el concepto de evolución y de que el mundo no es inmutable ni siempre ha sido así.
El danés Thomsën, aportó también el sistema de las tres edades (Piedra, Bronce y  Hierro), que contribuyó a los estudios de la Prehistoria.
Con estos tres avances, el investigador tenía un marco para el estudio del pasado y numerosos interrogantes que afrontar.

De forma paralela, hubo arqueólogos que vieron en la aplicación de los estudios etnográficos del momento una nueva vía de investigación. Se podría tomar como referente los esquemas que los antropólogos habían trazado en la evolución del ser humano. También se podía observar a pueblos de la actualidad con tecnología y organización social primitivas como “testigo” del pasado, aunque solo de inicio.

Será en las últimas décadas del s. XIX cuando la disciplina obtenga éxitos rotundos tanto en Europa como en América. Los estudios del mundo egipcio alcanzaron esplendor con el descubrimiento de la Piedra Rosetta, con escritura hebrea y jeroglífica, lo que permitió a Champollion descifrar la escritura egipcia. En Mesopotamia ocurrió algo parecido, donde diferentes investigadores británicos competían, con toscas excavaciones, para ver quien obtenía más y mejores piezas en menos tiempo. El desciframiento de la escritura cuneiforme por parte de Rawlinson permitió ubicar muchas ciudades antiguas y estudiar su historia. Por ejemplo descubrió que Künyünjik era en realidad la Nínive bíblica.

El descubrimiento de Troya (Ilion o Ilios) realizado por Schliemann en base a sus lecturas de Homero y el de Micenas, dio luz a la disciplina en cuanto a la edad del bronce en el oriente europeo. Stephens por su parte, realizó diversas investigaciones en Yucatán (México), descubriendo la cultura maya.

Todos estos descubrimientos, con una ciencia nueva en auge, permitieron que con los nuevos eruditos, los trabajos de campo obtuvieran un desarrollo y una evolución constante a partir de este momento.

Desde finales del s. XIX y hasta la década de 1960 podemos observar una etapa de consolidación de la disciplina, con un gran avance en la datación o cronología. De este período podemos destacar a Gordon Childe y sus trabajos sobre Europa y a McKern por sus trabajos en América.

A mediados del s. XX aparece la corriente ecológica, en la que destacan Clark y Steward, que indagaron acerca de cómo la adaptación al medio supuso una evolución cultural. Para ello necesitaron de la colaboración de biólogos y químicos para la obtención de unos datos que después serían interpretados históricamente.

El verdadero auge de la disciplina se dio a partir de la datación a través del carbono 14 (C-14) o cronología radiocarbónica, por parte de Lobby. Esto otorgó al arqueólogo la posibilidad de ubicar con bastante exactitud cualquier resto orgánico en la línea del tiempo.

Así, a partir de los años `60 una nueva generación de arqueólogos, con Binford al frente, denunciaron que la no aplicación de las nuevas ciencias habían construido una historia falsificada de la humanidad. En Europa se pueden destacar los trabajos de David L. Clarke y su Arqueología Analítica, en la que defiende una mayor relevancia de los métodos cuantitativos y el apoyo de ciencias auxiliares como la geografía. Es decir, los investigadores no solamente hacían inventarios de objetos y obtenían información sobre su utilidad, sino que sobrepasaban esa inquietud artefactual, buscaban un por qué de las cosas y de su evolución.

Y a partir de este momento, en que las corrientes marxistas introducen interrogantes claves para estudiosos como Chang, comienza una reestructuración de la disciplina, convirtiéndola en una ciencia moderna, en la que los equipos interdisciplinares son fundamentales y las técnicas modernas y antiguas, son utilizadas para una mayor comprensión de la historia de la humanidad.

Esto no ha sido más que una simple y vaga introducción al mundo de esta ciencia que analizaré más detenidamente en futuros artículos atendiendo a dos principios básicos: los investigadores y sus interrogantes; todo lo que relaciona a la ciencia con el medio ambiente y la naturaleza, sea viva o muerta.

Espero que no os haya aburrido mucho el tema y que disfrutéis en el futuro tanto como yo lo hago.

 

Fdo.: David Martínez (Kandereth).

 

 

 

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